Definitivamente este director es uno de los grandes. Pero de los grandes-grandes. Un verdarero genio.
Como director tiene sólo seis películas en casi ¡30 años! (1969 y 2006). Una especie de Tarkovsky-Erice, directores estos que en sus primeras películas ya demostraban que eran tipos de otro mundo. Lo de Malick es lo mismo.

Malas Tierras, su segunda película, la vi hace muchos años y me pareció una genialidad.
Luego vino Días del Cielo. Esa gran obra por la que Néstor Almendros ganó su Óscar.
Su cuarta película la hizo… ¡¡20 años más tarde!! La Delgada Línea Roja. Deslumbrante. Mágica. Clarividente. Única… una experiencia arrebatadora. Una genialidad donde ya mostraba sin tapujos su forma de entender el mundo: vivimos en un espacio único, donde las personas somos capaces de lo mejor y de lo peor, donde es necesario crear el bien aún a pesar de que el mal campe a sus anchas. Además le otorga a la Naturaleza -parece como si Malick fuera un ecologista radical- un papel muy relevante que posteriormente recuperará en El Nuevo Mundo: es un bien que tenemos la obligación de defender.
Con El Nuevo Mundo se me ha hecho un nudo en la garganta. Tanto por el guión como por la dirección. Es impresionante lo que es capaz de contar Malick y cómo lo llega a contar. Un espíritu libre, sin peajes comerciales, sin concesiones a la gran audiencia. Con mano firme y una claridad de ideas asombrosa. Con un estructura narrativa excepcional.
Parece un poema monumental hecho en verso libérrimo… pero pronto te das cuenta que de eso nada. Es un verso sin rima, pero con una métrica sólo al alcance de muy pocos. Erice o Guerín en España. Y fuera, Dreyer, Tarkovsky o Olmi. Todas las frases -ya sean verbales o visuales- tienen las sílabas justas y en un orden casi místico.
Y su capacidad para crear elipsis está al alcande de muy pocos. Está en el lado opuesto de Coppola o Scorsese, directores que apuestan por elipsis muy trabajadas visualmente. Nada que ver. Las de Malick son por corte. Directo, sin adornos.
La partitura de James Horner me ha parecido brillante. Por cierto… que casualidad que Horner sea el mismo compositor que Apocalypto. Dos pelis totalmente distintas en la factura, pero en las que late un nexo común: en busca de la ley natural.
No me olvido de la fotografía de Lubezki. Un fijo de las películas de Alfonso Cuarón.
Eso sí, abstenerse narcolépticos contumaces y, sobre todo, los que consideren, por ejemplo, a Erice o a Guerín tíos que hacen un cine lento. Esos, que se pillen Armaggedon 2 con Pamela Anderson.