Lo acabo de terminar. Estoy aturdido, perplejo. Asombrado. No si hice bien siguiendo los consejos de mi buen y -desde hace 20 años- viejo amigo Eduardo.

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He terminado de leerlo y el corazón lo tenía pegado en la garganta.
Hace unos meses publica un post en Freedownloadcommunity acerca de la Providencia a raíz de The Pursuit of Happyness. En el decía:

Por último me gustaría señalar un aspecto que me ha llamado poderosamente la atención: el guiño que la historia le hace a la Providencia. La Providencia para los cristianos es un “estado” en el que basamos nuestra fe. Dicho de otro modo ¿es casualidad que los escaners aparezcan milagrosamente hasta tres veces después de haber sido robados? A los que creemos en un Dios que no da piedras a quien pide pan, sino que está deseando oir nuestras preocupaciones, estas pinceladas son las que terminan de convencernos que si se persigue, la vida da segundas y terceras oportunidades… y hasta cuartas, quintas, sextas… Pero para ello hay que estar muy atento y dispuesto a subir al tren sin preguntar ni especular.

Después de leer La Carretera, me pregunto ¿existe realmente La Providencia? ¿Está Dios realmente detrás de La Providencia? ¿Es Dios providente?
Una primera respuesta, un poco atolondrada, me dice… «Para Cormac McCarthy no existe la Providencia ni Dios». La medito un poco y me corrijo.
¿Es casualidad lo que ocurre? ¿No deberían -padre e hijo- estar muertos- hace meses… años? ¿Cómo es posible que los «buenos» y los «malos» aparezcan justo en esos momentos? La respuesta fácil es: «toma pues claro… Cormac es el dios de esta novela y puede hacer lo que le da la gana». Vale. Sí, de acuerdo: Pero ¿por qué lo hace así?
Lo que sí tengo claro es que La Carretera no es un libro recomendable según a quien. Es probablemente el libro con las escenas más desgarradoras y brutales que jamás haya leído. De hecho, he estado a punto de dejarlo de leer en un par de ocasiones: el sotano de la casa y el puchero abandonado. Los que lo habéis leído, ya sabéis a lo que me refiero.
Pero no me cabe la menor duda: la Providencia existe… aunque quizás ni Cormac McCarthy se lo crea.