Acabo de leer el post que Kurioso ha publicado sobre el caso de Elena Desserich.
Absolutamente conmovido. Conmocionado.
Elena murió con 6 años víctima de un cancer cerebral terminal.
Elena sabía que se moría.
Y por eso, durante los últimos 135 días de su vida se dedicó a esconder notas dirigidas a su familia por toda la casa. En lugares comunes, en lugares insospechados. Así, muchos días después de su muerte, sus padres y su hermana, al sacar de forma fortuita una vajilla que hacía tiempo nadie utilizaba, encontrarían una nota de Elena. Escondida entre los platos.
De este modo, su familia seguiría dialogando con Elena… y leeran en esas notas lo mucho que los amaba.
Creo sinceramente que lo mejor es que leáis entero en el post de Kurioso, más que nada porque no puedo atribuirme falsos descubrimientos: no sabía nada de la pequeña Elena. Y qué caramba Kurioso lo cuenta a las mil maravillas.
Y el título no puede ser más acertado: «Post-it desde el cielo».
La historia es sencillamente conmovedora. Una conmoción positiva. De las que te hace ver que la vida, siendo un valle de lágrimas con finales terribles, de tanto en tanto nos aporta ese punto de dulzura que nos permite transitar los momentos más amargos con una visión mucho más profunda y rica que los agoreros de la muerte quieren vendernos.
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