Glosar lo que suele argumentar Paco Sánchez en sus post sabatinos es tarea sencilla: selecciona y propone los temas de enjundia, construye la idea vertebral y lanza una idea madre potente sobre la que dar vueltas. Es decir: te da el trabajo prácticamente hecho.
Este sábado propone «Ejemplares«. Gran post que voy a intentar desarrollar en un par de analogías.

  1. Gran Hermano llega a convertirse en programa de éxito porque sus diseñadores detectan una bolsa de público objetivo de los que extraer a sus protagonistas y que a su vez daría respaldo a sus (pobres) historias en forma de audiencias millonarias.
  2. A medida que pasa el tiempo y las ediciones, y con el objetivo de mantener la audiencia, los personajes (y sus pobres) historias se extreman hasta lo inimaginable: «tenemos que salir en TV aunque sea a costa de dilapidar nuestra dignidad y nuestra intimidad»
  3. La rueda gira y crece sin parar.
  4. Con esos personajes en constante evolución de pobre pasado y casi nulo futuro -y teóricamente ejemplares porque salían en TV- llegamos «al no va más»: la indigencia moral como estilo de vida ejemplar.
  5. Y apareció la siguiente escuela de vida en TV: Gandia Shore y Hermano Mayor. Programas de altas audiencias que reafirmaban que la indigencia moral como modelo vital atrae más pobreza de carácter, mientras provocaban más daños colaterales: corazones desestructurados.
  6. Conclusión: la causa y el efecto se entremezclan de tal manera que ya no sabemos quien es el huevo y quien la gallina.

Bien… a raíz de esta rueda de seres desgraciados, hagamos el mismo ejercicio con los políticos.

  1. De una sociedad donde se juzga el conchaveo y a la trampilla como pecadillo venial, surgen los políticos que nos han de gobernar.
  2. Lógicamente si lo que han vivido ha sido «haz la trampa porque es beneficioso aunque te pillen» cuando lleguen a mandar, seguirán desarrollando esa idea motriz. Pero esta vez con más medios y más poder.
  3. Y esa espiral les lleva de concejales corruptos a ministros corruptos. Y por eso, con un mezcla de estupor y dolor, descubrimos que las más altas y regias cunas tampoco se escapan de esa peculiar forma de trabajar: «tú pilla cacho mientras puedas»
  4. Y ese es el ejemplo que recibirán los que aún están por poner el primer pie en el peldaño. Me imagino un sandwich: una sociedad que, por abajo, tolera la trampa y que, por arriba, erige al tramposo como político.

Conclusión final: Jodido país nos queda. Ahora más que nunca es necesario que las personas realmente buenas den un paso al frente. Para mandar y para trabajar. ¿Para qué? Pues solo para dar ejemplo.
Nos debería preocupar (y mucho) que el buen ejemplo sea algo de lo que tengamos que avergonzar y hablar con la boca pequeña. O peor: que quede como algo anecdótico para compartir en modo «viral» en las redes sociales.
Creo que recuperar el buen ejemplo como idea motriz nos acercaría a salir de la crisis.