Post original publicado en Naranjus.com donde soy responsable de estrategia digital 

La eficiencia es muy sexy


WhatsApp es probablemente una de las empresas más eficientes del planeta. Su producto es simple de usar, genera mucho agradecimiento ya que por menos de 1€ al año puedes enviar todos los mensajes de texto, video y foto que quieras y, sobre todo, delimita el ámbito de las personas que pueden contactarte: sino tienes mi teléfono, no podrás encontrarme. Además, esta compañía, gestionada por 32 empleados y con una inversión 0 en marketing, ha conseguido que 450 millones de usuarios en todo el mundo compartan miles de millones de mensajes diarios. Volúmenes de vértigo.
Soy muy rico pero bajo, gordo, feo y me huele aliento. Y en lugar de operarme, me caso con la supermodelo.
Facebook, por otra parte, sabe que tiene un montón de debilidades consustanciales a su modelo: ojos ajenos que se entrometen en la privacidad de los usuarios, la alta exigencia de los nativos digitales que empiezan a tomar decisiones en forma de fugas masivas, la aparición de herramientas 100% verticales mejor construidas y pensadas originalmente para la movilidad, un porcentaje elevado de perfiles fake, etc.
De hecho, a veces da la impresión que Facebook sea su propio enemigo.

Y, teniendo en cuenta el momento del partido, Facebook / Zuckerberg compra WhatsApp. No sé qué responder a las varias preguntas del millón que desde ayer por la noche recorren Twitter: ¿Es mucho dinero? ¿Qué valor tiene realmente WhatsApp? ¿Se equivoca Zuckerberg?
Lo que sí sabemos es que resolver un serio problema interno vía la compra de un potencial socio industrial es algo antiguo. Y sobre todo si ese potencial socio industrial pudiera convertirse en un «asesino implacable» en manos de la competencia.

Algo así debió pensar Google cuando se deshizo de su aplicación de vídeos y marcar un récord histórico con la compra de Youtube por 10 veces menos hace a 8 años.
Si Zuckerberg considera esas debilidades como algo clave, está claro que no le quedaba más remedio que tomar una decisión de este calibre.
Zuckerberg no está comprando sólo una tecnología y un equipo de trabajo. Está comprando barreras de salida y masa crítica para evitar fugas mayores entre los auténticos usuarios del futuro: esos nativos digitales que están cambiando FB por aplicaciones tipo WA. Por eso creo que ni Line y Telegram entraban en su visión como potenciales herramientas. No ofrecían ni el volumen ni la penetración de WA.

Tampoco está invirtiendo en aplicaciones con potencial de futuro.
Aunque es una operación con mucho riesgo de capital -la posible fuga de millones de usuarios que ven aparecer por el horizonte al que consideran el mayor depredador de la privacidad- en realidad, no es un inversión de capital riesgo.
Es, probablemente, una de las decisiones estratégicas más importantes de los últimos años: La mayor red social adquiere la mayor plataforma de comunicación instantánea. Ante este titular, podemos ver reflejada cómo Facebook / Zuckerberg reconoce implícitamente esa debilidad: «No somos los líderes en ese segmento». Aunque él lo ha dicho en positivo: «hemos comprado conexiones».
Además no hay que olvidar que Facebook cotiza en bolsa. Sus últimos resultados han sido realmente buenos después de un inicio titubeante y lleno de dudas. Con estos resultados, lo que habitualmente piensan accionistas y los fondos de inversión es que su dinero se mueva para generar plusvalías. Y si es en operaciones de este calado, mejor. De todos modos, habrá que esperar a ver cómo monetizan esta inversión y cuál es el periodo de tiempo que los accionistas le darán de gracia.
Seguimos en Altamira…
De todos modos, sigue sorprendiendo que las últimas grandes operaciones se hayan centrado en la compra de medios por los que o bien se distribuyen mensajes o bien se generan contenidos (la penúltima, Bezos comprando The Washington Post). Ya lo decía McLuhan… el medio es el mensaje (y viceversa 😉
La concentración de estas operaciones sobre el segmento de las conexiones y los contenidos diría que refleja el estado primario en el que aún estamos en el desarrollo de los mercados digitales: en estas concentraciones encontramos los pilares sobre los que se está construyendo la nueva
sociedad digital. De hecho, aún existiendo adquisiciones de proyectos dirigidos exclusivamente a la monetización (comercios electrónicos, etc) éstas aún no tienen la dimensión de operaciones como la de Instagram, WhatsApp, Youtube. Parecen «peanuts» a su lado.
No seamos ingenuos
La primera reacción de muchos usuarios ha sido pasarse a Line o Telegram. De hecho, a las pocas horas del anuncio de la compra de WhatsApp, Telegram aparecía en Twitter España como Trend Topic. La reacción es lógica y, sin quererlo, esta compra podría estar acelerando el desarollo de unos competidores tipo «underdog«.
Lo que no podemos obviar es que tanto Line o Telegram nacieron, como WhatsApp, para resolver un problema y, también como WhatsApp, para ser vendidas por un pastón indecente llegado el momento. En toda startup que se precie, los busines angels y el capital semilla que las impulsaron querrán tener un exit como Zuckeberg manda.
El reto y la crítica
El reto estará en la integración de dos plataformas que sirven para lo mismo pero con ergonomías, experiencias de usuario y gestión diametralmente opuestas.