La expresión «Twitter arde con…» encierra un doble aviso a navegantes. Por un lado, nos alerta de que algo -da igual que sea importante, grave o una simple estupidez o error humano- se ha convertido en el centro de muchas conversaciones. Pero por otro, y consecuencia de lo anterior, nos dice que la comunidad en Twitter está liberando sus pensamientos al cosmos como si no hubiera un mañana y con la perentoria necesidad de dejar por escrito y proclamado a los cuatro vientos «es necesario que sepáis cómo pienso de este asunto».
Y da igual que ese asunto sea la crisis del ébola, los argumentos jurídicos del procesamiento del juez Elpidio Silva, el análisis de las balanzas fiscales o el simple linchamiento a una periodista porque ha vuelto a meter la gamba hasta el fondo. Cualquier asunto sirve. Siempre hay una excusa. Siempre hay un motivo.
Lo importante es que se oiga mi voz. Y si puede ser, que sea con una reflexión  (aparentemente) aguda, perspicaz y con ese tono salvífico a lo Coelho que tanto nos ayuda a ser mejores. Pero sobre todo, que parezca independiente pero que esté alineada con la mayoría.
Las escenas vividas en Twitter estos días sobre los temas mencionados arriba me han recordado un famoso debate de los primeros años de la TV privada. Era en un programa llamado «Moros y cristianos» de Telecinco (no podría ser de otra manera). Allí debatían no sólo mentes preclaras y (aparentemente) informadas, si no que la audiencia tenía su momento de gloria para expresar su punto de vista.
En uno de esos debates, en los que se juzgaba las bondades de la vida de una persona ya fallecida, se levantó una señora con aire decidido. Una señora convencida de una ideas que parecían suyas, pero que también daba la impresión que las había tomado prestadas y luego deformado probablemente de segundas en una conversación de peluquería.
«Aquí, a quien hay que canonizar es a la Madre Teresa de Calculta» espetó. Gallarda, explosiva, convencida cerró así su alocución. Y se sentó entre aplausos de la audiencia. Los debatientes callaron entre el estupor y la vergüenza ajena. En esas, uno de los contertulios intervino. «Yo también beatificaría a la Madre Teresa de Calculta y, seguramente, tendrá razón: será una mujer muy santa. Pero para llevarla a los altares antes tiene que ocurrir un asunto básico: tiene que estar muerta. Y gracias a Dios aún la tenemos trabajando en Calcuta»
Y así es nuestro día a día en Twitter; lanzando nuestros pensamientos al cosmos utilizando sólo la parte más emocional del cerebro confundiendo emoción con justicia, creencias con préstamos y verdad con mi opinión (muchas veces infundada)
Y sí. Yo el primero.
Tocará hacérmelo mirar.
P.S.: Carlos Abadía necesitó un simple estado de Facebook para enmcarcar una de las posibles causas de este desaguisado de opiniones y emociones.
carlos