A propósito de la salvajada del atentado islamista contra la revista Charlie Hebdo en el que han asesinado a 12 personas:

  1. Asesinar en nombre de Dios -o en su contra- es una salvajada injustificable propia de bárbaros.
  2. No caigamos en esa trampa repugnante de «está mal asesinar pero es que los de Charlie Hebdo se lo habían buscando». Asesinar está mal SIEMPRE.
  3. No es un problema de religión. Es un problema de fanáticos que abusan de una religión como excusa para imponer su particular concepto de justicia.
  4. No es un problema de inmigración. Es un problema de inadaptados que sólo saben usar los efectos intimidatorios de la violencia para resolver sus diferencias. En Europa lo vivimos en Euskadi, Irlanda y en la antigua Yugoslavia.
  5. No es un problema que ataque a la libertad de expresión. Es algo mucho más serio. Este atentado ha tenido ahora como objetivo un medio de comunicación, pero en Mosul los mismos autores tenían en el punto de mira a las otras confesiones por el mero de hecho de creer en cosas distintas. Este atentado es sólo la antesala de lo que realmente buscan: destruir la libertad de creencias. Y eso nos afecta a todos; a creyentes (da igual la religión), ateos y agnósticos.
  6. Y sí. Será un problema político porque el populismo xenófobo utilizará nuestros temores e inseguridades para rearmarse y presentarse como la última y única barrera eficaz para parar esta locura. Y eso es otra enorme mentira.

Actualización: para que no haya dudas al respecto. Soy católico practicante. Y como tal me duelen la saña con la que algunas publicaciones nos tratan. Pero si el autor de la matanza en Charlie Hebdo hubiera sido un católico como respuesta al modo en que tratan nuestras creencias, me pondría de lado de las 12 víctimas y renegaría de ese asesino que NO ME (NOS) REPRESENTA(N).  Sin dudarlo.