A principios de 2014 Artur Mas iniciaba una campaña buscando el apoyo de líderes internacionales para su campaña soberanista.
Ninguno de los 45 líderes contestó a esa carta.
Y, por si fuera poco, las reacciones que se ha encontrado han sido, precisamente, contrarias.
A las pocas semanas de la carta enviada por Mas, Durao Barroso (presidente de la Comisión Europea) le explicaba a Sala i Martí -en un crudo debate en el foro de Davos- la normativa comunitaria sobre la admisión de nuevos estados miembros.
A principios de mes, Angela Merkel (la sheriff de Europa y quien maneja el tempo financiero en Europa) avisaba de la necesidad de respetar los acuerdos legales comunitarios, en una clara referencia -y rechazo inequívoco- a la apuesta de Mas.
A finales de agosto, Jean Claude Piris (ex director general del Servicio Jurídico de la UE) alertaba de la imposibilidad técnica y jurídica del proceso independentista a través de un artículo publicado en El País.
Recientemente, David Cameron (primer ministro del Reino Unido) avisó a Mas que la independencia pondría a Catalunya a la cola de las admisiones. (Nota mía: aprovecho para recordar que la media de entrada ronda los siete años).
A mediados de septiembre era Barack Obama quien consideraba ante el rey Felipe VI la necesidad de una España fuerte y unida en una clara referencia al proceso independentista.
En clave más local -no sólo española sino también catalana- el 15 de septiembre, el Cercle d’Economia -institución económica de referencia en Catalunya- daba un paso más y situaba una línea roja que choca frontalmente con la tesis de Junts el sí y la CUP: el resultado del 27S no puede derivar en la independencia.
Viernes 18 de septiembre: la Asociación Española de la Banca y la Confederación Española de Cajas de Ahorro emitían un comunicado en el que decían que se replantearía su implantación en Catalunya en caso de independencia.
El día después del comunicado de la banca, era la Liga de Fútbol Profesional en boca de Javier Tebas -su presidente- quien afirmaba «El Barça no podría jugar la Liga si Cataluña fuera independiente«.
Y ese mismo día El País publicaba que el Consejo Superior de Deportes recordaba los requisitos legales para poder jugar en la liga española.
Y para terminar esta selección de advertencias, el Banco de España alertaba el lunes 21 de septiembre de un corralito si Catalunya se independizaba.
La respuesta a todos estos avisos por parte de los líderes partidarios de la independencia (Mas, Romeva, Forcadell y Casals) ha sido insistir que a) no nos importa, la ilusión nos mueve y eso es suficiente b) los políticos europeos no tienen ni idea de lo que hablan c) todas esas declaraciones no son argumentos de peso; son sólo amenazas.
Por supuesto ni una autocrítica al fracaso de su estrategia internacional. (Corrijo: cinco congresistas americanos mostraban su apoyo al «derecho a decidir» de Catalunya y  en el parlamento de Suecia se había hablado del tema)
Probablemente el momento más sonrojante de todos fue cuando Raül Romeva insistía en que la UE no podía expulsar a 7,5 millones de europeos. Tenía que ser el programa de la BBC Hard Talk quien le explicara al bueno de Romeva la diferencia entre «marcharse voluntariamente» y «expulsión».

Todo esto me suena a ese chiste del loco que va en un coche contradirección y en la radio oye el aviso de un piloto suicida. “¿Cómo que un coche contradirección? Pero si van todos van contra dirección”.

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ACTUALIZACIÓN
Tras este aluvión de avisos y alertas, la reacción de Artur Mas ha sido amenazar con un impago de la deuda si España no negocia. Me pregunto si la UE verá con buenos ojos la petición de adhesión de un país que amenaza con impagos. El caso reciente de Grecia debería servir de ejemplo.
Precisamente hoy, El Confidencial publicaba un informe sobre la huida de empresas de Catalunya.